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EDITORIALES>> ELECCIONES ANTICIPADAS: ¿SOLUCION O ENGAÑO?
 Los argentinos hemos sido informados en estos días que las eleciones del año que viene se anticiparían en marzo. Pero las preguntas que nos vienen a la cabeza son ¿Sirve para algo votar presidente y vice si el que gana tiene el congreso, la Corte Suprema, las gobernaciones e intendencias en su contra? ¿Podemos dejar al terriblemente Duhalde a cargo de solucionar nuestros problemas urgentes durante 11 meses?
 Quien escribe estas palabras no está tratando de bajar línea de ninguna manera, simplemente se encuentra con las mismas dudas que tendrá probablemente el lector. Es probable incluso que el texto se torne confuso y hasta contradictorio.
Empecemos por el problema mas simple, el del tiempo. El presidente es incapaz y no muestra el mas mínimo deseo de cambiar el modelo establecido por el pensamiento único, y por lo tanto no prioriza las necesidades de subsistencia de la población. Destina una enormidad de recursos en salvar a los bancos en vez de dirigirlos a generar empleo productivo para la gente. Entonces ante la duda acerca de si se debe ir en once meses o ya mismo, la respuesta debiera ser ya mismo, porque hay urgencias tremendas como los millones de pobres e indigentes, los niños que serán técnicamente imbéciles por falta de alimentación, si los problemas hay que resolverlos ya Duhalde se tiene que ir ya.
 Los otros problemas, y mucho mas complicado, son de que forma solucionamos esas urgencias, como evitar que después de Duhalde venga alguien peor, que hacer con el resto de los cargos...
 El problema de las urgencias se debería solucionar con un subsidio que alcance para algo y que llegue a todos, o mejor, destinarlos a crear trabajo genuino y que sirva para satisfacer las necesidades de la población. Tenemos que observar que las tasa de interés están muy altas debido a la falta de expectativas de generar ganancias rápidas y llevárselas al exterior, y eso vuelve difícil que las empresas tomen créditos y así generen empleo. Por lo tanto sería conveniente que el Estado de préstamos baratos a las PYMES, o los destine a generar emprendimientos como los de los MTD del Gran Buenos Aires. Pero el problema que estamos tratando no es como salir de la crisis, esto es un pequeño esbozo para mostrar de que estilo serían las soluciones al hambre, desnutrición, etc.
 Siguiendo con lo aparentemente mas difícil, si se votará solamente presidente y vice o se adelantaran todas las elecciones de intendentes, gobernadores, congreso, etc. le resultaría imposible gobernar a alguien que tenga la mas mínima intención de hacer algo diferente, porque en el mejor de los casos se renovará solo la mitad de la cámara de diputados (de la elección donde truinfó el voto "bronca") y apenas un tercio del senado, y ni que hablar de la corte suprema. Incluso si ganara el ARI con el 100% de los votos, tendría el senado con hegemonía PJ-UCR. Entonces para empezar a hablar de cambio las elecciones deben ser totales, de otra manera no vale la pena votar tal o cual presidente. La única forma legal de establecer la caducidad de todos los mandatos es a través de una convención constituyente.
 Pero poco sentido tendría renovar todos los cargos si los candidatos hacen exactamente lo que hicieron desde hace 20 años, sonarse la nariz (para no ser groseros) con la plataforma electoral. Por lo tanto debe ser incluido en la reforma un sistema que permita el control de la población sobre sus mandatarios como mandatos revocables, períodos muy cortos y sin reelección, como propone Autodeterminación y Libertad, que se gobierne desde asambleas populares, como proponen algunos partidos de izquierda, etc.
¿
Revolución o reforma?
 La histórica antinomia nos toca muy especialmente durante estos tiempos ante el fracaso de la democracia representativa. Cada una de las opciones tiene sus ventajas y desventajas, la revolución tiene la ventaja de ser dinámica y por lo tanto puede resolver más rápido los problemas urgentes. En mi opinión, a esta postura le es desfavorable el tener que necesariamente violar la Constitución nacional y eso lleva a que el enemigo (llámese derecha) también tenga derecho a violarla a su antojo (de echo ya lo hace, pero al menos nosotros tenemos a nuestro favor el respeto a la ley máxima y eso no es poco a la hora de la argumentación). Esto nos deja en una situación de falta de consenso acerca de las reglas a seguir para ejercer el poder de toma de decisiones. Y aquí hay dos opciones: La primera es que haya un consenso en la sociedad acerca de que es lo que hay que hacer, por lo que deberíamos preguntarnos para que queremos triunfar por la fuerza. Y la segunda es que no se logre esa unidad del pueblo y terminemos en una cruenta guerra civil. La postura reformista tiene como ventaja respetar el orden constitucional pero en su contra tener que sortear demasiados obstáculos burocráticos y por lo tanto ser mas lenta que la revolución.
 Desde mi punto de vista, habría que tomar la postura de una reforma revolucionaria, esto quiere decir aceptando las reglas de la constitución modificar rotundamente el orden establecido. Y dentro de este reformismo revolucionario, debería fomentar la unidad popular y resolver de manera democrática las múltiples diferencias de posturas ideológicas.
 Pero también hay otro problema que es ¿Cuanto poder tiene el pueblo en las calles? ¿Van los legisladores a dejar sus cargos y aceptar las demandas del pueblo? Yo creo que si las demandas del pueblo son masivas y unificadas no hay razones para que se atrevan a contradecir a un millón de personas en la calle. Pero para que esto suceda es fundamental que el pueblo se una y se ponga de acuerdo en que es lo que le reclama a los usurpadores del poder (puede ser elecciones generales, convención constituyente, etc.), entonces es deber de cada uno de nosotros comenzar a construir un consenso acerca del método a utilizar (lo que exigimos) para resolver los temas nacionales. Por eso es que insistimos en participar de las asambleas populares porque son un instrumento importantísimo de unidad popular.
 En conclusión, no tiene sentido ni votar a un presidente sin poder ni continuar con el mismo sistema de democracia solo formal. Y el método a utilizar sería la formación de un consenso popular para salir a las calles a reclamar un determinado método para que las diferencias ideológicas se resuelvan de manera democrática, es decir, la voluntad de la mayoría respetando a las minorías. Y lo peor que podemos hacer es continuar con nuestras vidas y esperar que tal o cual político nos venga a prometer un plan de gobierno brillante pero que no tenemos garantías que lo cumplirá, cediendo ante la presión de lobbys, FMI, etc. (si la plataforma que se votó debe ser cambiada por alguna razón debe ser el mismo pueblo el que decida porque cambiarla, sino no hay democracia)

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